
Un divorcio siempre resulta doloroso, sobre todo cuando hay niños de por medio. Los adultos viven el proceso interno cada uno a su modo, pero deben poner especial cuidado en los hijos, quienes seguramente lo sufren de una manera diferente. Es en este momento cuando necesitan mayor apoyo, cariño y comprensión por parte de sus padres.
Una separación conyugal no tiene por qué significar un distanciamiento de los hijos. Lo ideal es que ambos padres puedan manejar el asunto con madurez y asegurar a sus hijos que no perderán ningún tipo de contacto. Claro, la realidad será muy diferente a la que vivían, pero es importante que comprendan que la relación que se ha terminado es la de pareja, no la de padres – hijos.
Una multiplicidad de sensaciones pueden experimentar los niños que atraviesan el proceso de divorcio de sus padres. Pueden verse invadidos por sentimientos de ira, impotencia, culpa, incertidumbre, miedo, tristeza, sólo por mencionar algunos. Cada niño reaccionará de manera diferente dependiendo de su carácter y de su entorno.
Al momento de explicar a los niños lo que está sucediendo, es bueno hacerlo con mucha paciencia. El relato debe estar basado en un discurso sincero, pero cuidando de no profundizar en detalles dolorosos. Y por sobre todas las cosas, los niños deberán comprender que no son culpables en lo absoluto y que sus padres jamás dejarán de quererlos pase lo que pase.
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